Del 22-M al nuevo Frente Popular

Carlos Quintero. 4/4/14Imagen

Antes incluso de la Gran Marcha de la Dignidad, sin saber aún que se sobrepasarían las previsiones más optimistas, advertíamos que la clave no estaría tanto en lo que pasara el día 22-M, sino en lo que pasara después. Es indiscutible que la capacidad que tendríamos para emprender un objetivo más ambicioso tras la Marcha para darle continuidad a nuestros objetivos, iba a estar muy influida por el grado de éxito de la convocatoria. Pues bien, el grado de éxito ha sido mayúsculo y esto nos sitúa ante una gran responsabilidad. El listón de las expectativas está por las nubes y ahora toca ver si estamos a la altura de las circunstancias.

Los regímenes no solo caen por una gran movilización. Los regímenes caen por grandes movilizaciones  sostenidas en el tiempo por una alternativa de poder. Si no hay alternativa de poder que sostenga la lucha, los gobiernos del régimen sólo tienen, una vez cada 6 meses, que aguardar que nos manifestemos, y llevar a cabo posteriormente una batalla desinformativa e ideológica  durante un par de semanas contra nuestra movilización para confundir al pueblo. Una vez apagado el fuego, enfrente no tienen nada, sólo un pueblo desmadejado al que pueden seguir explotando. Se corre el riesgo de que las grandes movilizaciones se conviertan en válvulas de escape de nuestra ira, pero incapaces de cambiar la realidad. De ahí a caer en la frustración que hemos ido bordeando, durante un par de años por la ineptitud de quienes dirigían la lucha  hasta que llegó el 22-M, solo hay un paso.

Hay que cuidarse mucho de los que se empeñen en rebajar nuestra fuerza a la categoría subalterna de la movilización y de la protesta y traten de vetar la capacidad del pueblo para apoyándose en esas movilizaciones “asaltar los cielos institucionales”. Ese “Olimpo Congresual” que pasó del franquismo a la monarquía reservado a los representantes de la Oligarquía y a los dirigentes “progresistas”  dispuestos a no salirse del guión que los que ganaron la guerra del fascismo contra el pueblo  y el Frente Popular, tenían escrito para nosotros.

El 22-M nos devolvió la certeza de sabernos vivos. De saber que para levantarnos necesitamos la unidad de todos los trabajadores dispuestos a luchar independientemente de dónde militen y que lo que sobran son los dirigentes oportunistas, deseosos de traer la paz social y la gobernabilidad al régimen. Ahora lo que  toca es darnos cuenta de que tampoco necesitamos a esos dirigentes oportunistas para que nos representen políticamente. Este es el momento para que la consigna de levantar un nuevo Frente Popular, tantas veces repetida durante la Marcha,  pase de ser una declaración de intenciones desde la tribuna de oradores, a convertirse en el eje central de nuestra lucha antes de la siguiente gran movilización en otoño. Independientemente del carácter de la próxima gran movilización, de si se tratará de una gran Marcha, de una Huelga General o cualquier otra acción, lo fundamental es dotarnos de un Frente Popular que garantice que las luchas que libremos estén respaldadas por una alternativa de poder política del pueblo.

Ahora lo que toca es dar esa batalla, y las únicas organizaciones imprescindibles para este primer impulso son las dispuestas a ello, porque se encontrarán con todo un pueblo deseoso y necesitado de la Unidad Popular y esa es la verdadera fuerza.

 Para conseguir esto hay tareas que apremian, como la de dotarnos de una estructura organizativa, de un andamiaje estatal que sostenga  toda la fuerza que se movilizó y simpatizó con el 22-M. Hay que consolidar esa estructura apoyándose en lo ya construido,que no es poco, en las  coordinadoras locales y provinciales de apoyo a la Marcha de la Dignidad sembradas en todas las provincias y que alimentaron las columnas. Con una representación proporcional  de todas las coordinadoras hay que apuntar hacia una gran Asamblea Estatal por la construcción del nuevo Frente Popular dónde se sienten las bases de un mínimo marco programático que garantice lo que en este régimen ya no cabe “el Pan, el Techo y el Trabajo”.

La clave ahora no es debatir sobre cuál va a ser el carácter de la próxima gran movilización de las Marcha por la Dignidad, ni siquiera ponernos cómo objetivo a cuántos millones de personas movilizaremos, sino en darnos cuenta de que la siguiente gran movilización tiene que ser el primer acto masivo del nuevo Frente Popular de los trabajadores y pueblos de España. Si conseguimos eso, garantizaremos que la próxima movilización sea un éxito, y aún algo más importante, que sea un pulso por la disputa del poder.Que nadie busque atajos, la tarea pasa por afrontar las tareas democráticas que la oligarquía nunca consintió en este país. Los fascistas que se levantaron contra el pueblo democrático, tendrán que volver a verse con un nuevo Frente Popular formado por los trabajadores de los pueblos del Estado español. Podemos y debemos hacerlo.

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