SOBRE LA VIOLENCIA EN EL 22-M

Carlos Quintero. 1/4/14.Imagen

El tema del uso de la violencia  debe ser analizado lejos de apasionamientos y argumentos moralizantes. Para refutar a Cifuentes y otros elementos del PP sobre  la justeza del monopolio de la violencia por parte del Estado no hay que remitirse a la revolución Francesa (visto lo visto, creo que la lacra que nos gobierna en España no estaría en el Tercer Estado) teniendo casos muy concretos y cercanos como su posición de apoyo a los nada pacíficos ultra nacionalistas y fascistas ucranianos, a los que ahora  les untan con dinero para que defiendan sus intereses en la zona como siempre ha hecho la oligarquía con los fascistas.

Hay que hablar claro, y sobre todo cuando se trata de desentrañar problemas tácticos. No nos podemos andar por las ramas y  posturas “políticamente correctas” a riesgo de quedarnos empantanados en los laberintos teóricos de la clase dominante, ya que eso, que en términos granscianos (tan recurrentes en estos días –sólo para lo que algunos le interesa, como hacen todos los grandes revisionistas con la teoría marxista-) se denomina “sentido común”, es lo políticamente correcto. La violencia existe cotidianamente, y va a seguir existiendo cotidianamente por mucho tiempo, y es un factor que las clases dominantes tienen en cuenta, y nosotras, las clases dominadas, también tendremos que tener en cuenta, no desde un punto de vista moral, sino táctico. Es aquí donde tenemos que situar el malditamente controvertido asunto de la batalla producida entre un par de centenares, (a lo sumo) de manifestantes y la policía, al final de la Marcha del 22-M.

El asunto a mi entender es sencillo. Podemos, dividir a las masas en 4 grandes campos en cuanto a su posición con respecto a la lucha popular que se viene produciendo, a saber: Los que “están organizados” (en diferentes grados), los que sin estar organizados, “se movilizan”, los que sin estar organizados, ni movilizarse, “Simpatizan” con los anteriores, y los que “son contrarios” a los anteriores. (Se podría discutir, aunque no se pretende aquí, si existe un campo o no de gente “ajena” a las cuestiones políticas, lo que dudo, ya que los grandes medios de masas raramente dejan flecos sueltos a la hora de generar conciencia).

A grandes rasgos hemos de entender que el único camino para dar la batalla política al régimen y sus gobiernos, es que cada vez el campo de los organizados crezca más y más (y crecer también implica el organizarse mejor y con unos objetivos más acertados -crecimiento cualitativo y no solo cuantitativo-). Una vez Producido esto, como paso irrenunciable y necesario, se podrá aspirar a generar un fuerte trasvase de millones de personas desde el rechazo a la simpatía, desde la simpatía hacia la movilización y desde la movilización a la organización. Nunca se puede saber con exactitud mecánica cuantos millones de personas se necesitan en cada grupo para tener hegemonía,  pero convengamos que en este país, son necesarios, para poder plantarle cara al régimen, al menos una movilización prolongada en el tiempo de no menos de 10 millones de personas y una simpatía generalizada de la gran parte de la población.

Este planteamiento, que en estos momentos pasa ineludiblemente por situar el objetivo fundamental en la fortaleza organizativa concretada en estructuras políticas, y no en el grado de violencia de los choques entre el pueblo y la oligarquía, o en la herramienta de lucha puntual que se pueda utilizar en cada momento, choca profundamente con varias corrientes de opinión que se rozan y se rozaran en el seno del tejido social que posibilitó el 22-M.

En primer lugar choca con los que piensan que una Huelga General es la quinta esencia de la pureza en la lucha y si es permanente, sin lugar a dudas, nos pone en las puertas de la revolución, lo entienda, o no lo entienda la gente. Pero no voy a detenerme ahora en este posicionamiento, sino en uno aún inferior y más nocivo aún, que es el de que “La lucha cuerpo a cuerpo con la policía” es el camino, que, alumbrado por un pequeños grupo de heroicos “guerrilleros” urbanos, alumbrará al pueblo hacia la libertad, y si el resto de organizaciones no lo entiende, son unas “reformistas” y  las masas que no simpatizan con su parodia de lucha urbana, son una clase media que necesita más palos y más miseria para “proletarizarse” y lanzarse junto a ellos a la “lucha callejera”.

La herramienta de lucha válida y oportuna es la que pueda ser secundada en cada momento por las masas organizadas ampliando sus bases, ampliando a los que se movilizan e inclinando la simpatía de la población hacia los sectores organizados de la lucha popular.

Los gobiernos  del régimen  siempre tratarán de cortocircuitar ese trasvase. Ahora mismo usan la represión física y económica para tratar de destruir las estructuras  solidarias, sindicales y políticas que están permitiendo la continuidad de la lucha. Es ahí donde centran su arsenal represivo para tratar de desactivar a los cuadros políticos. Al mismo tiempo, miran con preocupación al sector de masas que se moviliza y para tratar de impedir que crezca (porque este sector es al fin y al cabo el que permite hacer caer la balanza) centra su lucha fundamental en tratar de generar frustración, y desconfianza hacia las estructuras de lucha organizadas. Para esto no escatiman en comprar a un pequeño sector, siempre sensible al soborno dentro de las estructuras políticas  y sindicales y después hacer público el soborno gota a gota.

La urgencia, pasa por, apoyándose en las luchas populares que se están dando,  fortalecer a esa masa organizada, primero cualitativamente, mediante la táctica del Frente Popular y la estrategia de la Ruptura Democrática, para que pueda crecer cuantitativamente el músculo social. Hay que entender que una de las principales causas de la incapacidad que tiene el pueblo en estos momentos para plantar batalla, es que las organizaciones estamos dando luchas dispersas y sin un objetivo político que sitúe el problema y su solución con claridad.

Afortunadamente, y esta es la clave de toda la controversia vivida en estos días, las posiciones “ultraizquierdistas de lucha callejera”  en estos momentos, y que se oponen rabiosamente a la táctica del Frente Popular, han sido minoritarias, muy minoritarias, en la “masa organizada” que ha construido el 22-M. Decimos que esta es la clave de toda la controversia  por la cuestión de que el régimen, trata por todos los medios de conseguir dos objetivos: Por un lado que “la masa organizada” no avance cualitativamente (como paso previo para crecer) y por otro, minar el campo de “los que se movilizan” y “simpatizan” con los organizados. En este sentido, nuestros “amigos” los de la “Lucha callejera” son una de las teclas que el régimen tiene que tocar.

Al régimen le interesa mantener a la “masa organizada” en debates estériles, dividida, desorientada políticamente y desacreditada ante la opinión pública. No obstante saben que la “masa organizada” que estructuró  el 22-M marcó un debate contundente, estuvo pegada a la clase trabajadora, se ganó su simpatía y una parte importante de las organizaciones señalábamos al Frente Popular, como el camino para la continuidad y el fortalecimiento de la lucha popular. Ante esto la estrategia del gobierno era clara, había que desplazar la hegemonía del protagonismo desde los que venían hablando del Frente Popular que eran mayoría, hacia ese grupúsculo, que en vez de por el fortalecimiento organizativo y atraer la simpatía de las masas, apostaba por su protagonismo de “lucha callejera”. Además, el régimen, sabía que la batalla que tenía que plantarle al pueblo no estaba en las calles de Madrid el 22-M, sino que su batalla contra la Marcha se daría donde más cómodo se siente el régimen dando batalla, que no es en el plano policiaco y represivo (algunos no han entendido esta máxima de los regímenes burgueses-parlamentarios)  sino el plano de la batalla mediática para ganar la opinión pública.
A partir de esto el operativo es consabido. Los mandos, bajo una estrategia política,  emprenden con sus unidades de la UIP una provocación relámpago por parte de la policía en forma de carga, para automáticamente, desplazar el eje del protagonismo desde la tribuna, hacia el grupúsculo de “Luchadores callejeros” que pasan a la acción. Los mandos mantienen, aún teniendo una correlación de fuerzas infinitamente mayor en esos momentos, a unidades policiales bajo el ataque de estos grupúsculos. Los mantienen el suficiente tiempo como para que los medios de comunicación obtengan una buena “munición de imágenes” con las que después dar una dura batalla mediática, ellos con la gran artillería comunicativa, nosotros divididos en absurdos debates en los que se nos insta a “condenar la violencia” y a “desdoblarnos” entre seguir manteniendo nuestra táctica o arropar políticamente al grupúsculo que está “trabajando para el inglés”. El régimen trata de “embarullar” lo que ha sido una victoria limpia del pueblo.

Cabe destacar que esta táctica de los gobiernos del régimen cada vez está más al límite, y bien pudo costarle la vida a varios de los más de 60 heridos de la policía (Además de a manifestantes que pueden verse atrapados en la confrontación). Este hecho  provocó una airada protesta de los miembros de la UIP hacia sus mandos, en la que piden la destitución de la cúpula policial al mando del operativo e incluso ha provocado una investigación, eso sí, reservada, que ha sido anunciada por Ignacio Cosido.

En conclusión, el régimen, apoyado en algunos elementos totalmente ajenos a nuestra lucha y nuestra táctica, tratan de vapulearnos, aislarnos y ganarse el apoyo de la opinión pública para endurecer las medidas represivas que pagaremos todos. Esto es sencillamente intolerable y si  bien es cierto que corresponde al Ministerio de Interior velar por el orden en las calles, nos corresponde a nosotros velar por los propios intereses de nuestra lucha y ser firmes y contundentes a la hora de expulsar a estos elementos de las filas de nuestra lucha para garantizar nuestra seguridad y autodefensa ante el régimen.  Nos estamos jugando demasiado.

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